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Mary Shelley

 

Paranoica, asfixiante y esquizofrénica es la apertura de Madrid, la novela de Daniel Krupa. Un comienzo, excelente, como pocos, nos presenta de entrada a un personaje repleto de desencantos, un personaje pasivo, sórdido, muerto. Y es la muerte, quizá, uno de los ejes principales por los que navega la historia: personajes vivos, pero muertos, muertes anunciadas, cuerpos profanados.

Toda la soledad del mundo se aloja en el cuerpo de Madrid, y a medida que avanzamos, su descanto, y las desdichas que se suceden y encadenan, no harán más que evidenciar un dolor, una culpa, que va en ascenso. Madrid, más allá de la historia que relata, se destaca por el tono que utiliza el narrador para desprenderse de su personaje. Al contrario de lo que sucede en muchas historias borders, aquí el narrador toma distancia, y relata cada pasaje “suavemente”, con ironía, como restando importancia a las desdichas de Madrid. El narrador, lejos de sufrir con el personaje, parece cansarse de él y lo que resalta es una escritura objetiva, y un tono glacial que deja a Madrid sumido en un abanono total. Paranoica, asfixiante y esquizofrénica es la apertura de Madrid, la novela de Daniel Krupa. Un comienzo, excelente, como pocos, nos presenta de entrada a un personaje repleto de desencantos, un personaje pasivo, sórdido, muerto.

Y es la muerte, quizá, uno de los ejes principales por los que navega la historia: personajes vivos, pero muertos, muertes anunciadas, cuerpos profanados. Toda la soledad del mundo se aloja en el cuerpo de Madrid, y a medida que avanzamos, su descanto, y las desdichas que se suceden y encadenan, no harán más que evidenciar un dolor, una culpa, que va en ascenso. Madrid, más allá de la historia que relata, se destaca por el tono que utiliza el narrador para desprenderse de su personaje.




Al contrario de lo que sucede en muchas historias borders, aquí el narrador toma distancia, y relata cada pasaje “suavemente”, con ironía, como restando importancia a las desdichas de Madrid. El narrador, lejos de sufrir con el personaje, parece cansarse de él y lo que resalta es una escritura objetiva, y un tono glacial que deja a Madrid sumido en un abanono total. Paranoica, asfixiante y esquizofrénica es la apertura de Madrid, la novela de Daniel Krupa. Un comienzo, excelente, como pocos, nos presenta de entrada a un personaje repleto de desencantos, un personaje pasivo, sórdido, muerto.

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