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Semblantes de Bestias

Jorge Goyeneche

Novela, 210 páginas
21 x 14 cm
ISBN 978-987-613-155-1

Se ha leído el Quijote como un artefacto lingüístico merecedor de la calificación “primera novela moderna”;  como última novela de caballería (“El fin” de la caballería); como texto paródico humorístico; como diálogo y combate entre dos éticas –el quijotismo y el pancismo–;  como historia de una amistad (Borges); como novela acerca de los efectos de la lectura (precursora, entonces, de Madame Bovary). Esas lecturas omiten, o dejan en un segundo plano borroso, que también se trata, como suele suceder con las novelas de caballería, de una novela de andanzas, o sea de viajes. El propio Cervantes fue un viajero. ¿Cómo viajaba la gente de su época si no era de la alta nobleza? Yendo a la guerra, condenada a galeras o en viajes de descubrimiento (conquista y exterminio). La historia y la biografía enseñan que Cervantes combatió en Lepanto (acerca de lo cual, además, escribió versos candentes), y que remó como forzado en galeras. Esta novela explora la posibilidad de que Cervantes haya además viajado a América antes de escribir el Quijote. Lo hace con imaginación cervantina, con humor rabelesiano y con un lenguaje absolutamente original, no calcado de crónicas o escritos de época, sino inventado para esta “ocasión”. Su asunto principal no es una denuncia de las violencias imperiales –a las que tampoco se dedica a encubrir– sino que encara una conciliación ficcional de nuestros linajes: en el universo creado por ella, Cervantes debe a ese viaje iniciático el haberse convertido en autor del Quijote tanto como la América que escribe en castellano le debe a su magna novela. En ese juego de espejos enfrentados, lo que destella es el lenguaje: retoño americano, y bien actual, del Siglo de Oro. En las fauces abiertas –de los espejos y del libro-, ¿a quiénes pertenecen los mentados “semblantes de bestias”?

Juan Bautista Duizeide