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El Rey de Amarillo

Robert W. Chambers

Cuentos, 144 páginas
20 x 12 cm
ISBN 978-987-613-115-5

"Dicen que cuando Borges trabajó en la Biblioteca Nacional, hizo una ficha para un libro inexistente. Enterado de que Lovecraft había dicho, en una carta a un amigo, que de los tres únicos ejemplares del Necronomicón que se conservaban, había uno en Buenos Aires, Borges no pudo resistir la tentación de avalar esas palabras. Y creó la ficha. Inauguró el malentendido. Hizo literatura. El Necronomicón desde entonces tiene su lugar en algún recodo inhallable de la Biblioteca Nacional. Pero más inhallable e inexistente, si es que hay matices para la inexistencia, y creo que las hay, es El rey de amarillo, obra de teatro no escrita pero también libro de cuentos que muy pocos recuerdan.

El rey de amarillo es un libro secreto y fundacional dentro de la historia de la literatura fantástica. Fue publicado por primera vez en 1895 por el hasta entonces pintor y dibujante norteamericano Robert W. Chambers (1865-1933), quien a partir de su éxito se volcaría a la escritura publicando más de setenta libros de los más variados temas y géneros, novelas históricas,  policiales y novelas rosa, biografías, poesía y teatro, folletines populares que irían a parar directo al olvido mientras su autor se dedicaba a coleccionar mariposas y arte oriental y a plantar árboles en el campo familiar.

Pero no ocurriría eso con El rey de amarillo. Porque una cosa es el olvido y otra cosa es el secreto, y esa sería la suerte de este libro que ha sido más nombrado y referenciado que leído En sus páginas podemos encontrar el terror metafísico que luego Lovecraft llevaría a su máxima expresión, y también podemos encontrar relatos como “El reparador de reputaciones”, que inaugura con desparpajo y felicidad la ciencia ficción anticipatoria. Pero sobre todo, El rey de amarillo es un libro secreto que habla, a su vez, de otro libro secreto, que lo rodea con sus sugestivas advertencias, lo envuelve con sus exquisitos terrores, creando una mitología de sombras y condenas a su alrededor."

Del prólogo de Ricardo Romero.