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El caso de Charles Dexter Ward

H. P. Lovecraft

Novela, 192 páginas
20 x 12 cm
ISBN 978-987-613-114-8

"Los conflictos de identidad, los lugares húmedos y cerrados, el pasado no resuelto, el racismo, la culpa que atraviesa generaciones, la locura, la agonía, los cultos inexplicables, la muerte como presencia permanente, los monstruos que habitan en el instante exacto donde la oscuridad se vuelve inexpugnable…

Vamos a leer, en esta novela, los leitmotivs que Lovecraft venía degustando en sus mejores relatos y los que seguiría moldeando en cada uno de los relatos que pueden incluirse dentro de su universo de los Mitos de Cthulhu. De hecho, estamos parados exactamente en la mitad del último paso que Lovecraft daría como autor: el momento en que abandona su etapa del Ciclo del Sueño (1920/1927) y está a punto de entrar en los Mitos de Cthulhu (1925/1935).

Aquí, dicho de otro modo, está Lovecraft. Sin embargo, lo dicho anteriormente no significa de modo alguno que sea éste un libro fácil de leer. Más a su favor.

Narrado desde la perspectiva del médico de la familia del pobre Charles Dexter Ward (ya no pueden olvidar ese nombre nunca más en sus vidas, ¿verdad?), los hechos van y vuelven. A veces estamos en el Salem de las brujas y, otras, en el Providence presente (1925). Y no es difícil perderse en el laberinto de hechos que construye la voz que nos guía. Pero sabemos recorrer laberintos. No hemos llegado hasta aquí por nada.

Sucede que sin El Caso de Charles Dexter Ward no existiría el cine de terror (me refiero al cine de terror hecho con alma) que conocemos hoy en día. No es –en lo absoluto difícil reconocer en la pluma de este Lovecraft lo mejor de John Carpenter, de David Cronenberg, de Stuart Gordon o de George Romero. Del mismo modo, sin este libro que tienen en la mano difícil hubiese sido que autores como Robert Aickman, Robert Bloch, Stephen King, Clive Barker o Neil Gaiman hubiesen podido trabajar sus universos oníricos, oscuros y opresivos (pero encantadores, en el mejor de los casos) del modo en que lo hicieron."

Del prólogo de Luciano Saracino.