Inicio Biblioteca Las Malvinas se llaman Malvinas

Las Malvinas se llaman Malvinas

Tema recurrente y actual para los argentinos, decidimos indagar un poco en la historia del nombre de las islas, porque en todo nombre hay una historia. Acá les mostramos la primera parte de la entrada en el libro El origen de los nombres de los países, de Edgardo Otero, editado por nuestro sello.

 

MALVINAS (1ª parte)

Durante el siglo XVI rigieron con plena fuerza los títulos emanados de las Bulas Pontificias.

Las Bulas Inter Caetera y Dudum si Quidem le adjudicaban a España “todas aquellas islas y tierras firmes, encontradas y que se encuentren, descubiertas y que se descubran hacia el occidente y el mediodía, imaginando y trazando una línea...”, que se fijaba a cien leguas de la isla San Antonio (perteneciente al archipiélago de las Azores) y que estaba ubicada a 360 leguas al Oeste de Lisboa. Este es el título de “Adquisición del Nuevo Mundo”. En aquella época nadie impugnó la Bula.

Las Malvinas se hallan incluidas en la zona que aluden las Bulas citadas (1493). Por lo tanto, España no necesitaba descubrir las islas para tener sobre ellas pleno derecho, cualquiera que fuese el descubridor.

Las islas no poseían población nativa alguna y fueron avistadas por primera vez en 1520, por Esteban Gómez con la nave “San Antonio” de la expedición española de Magallanes, que las descubrió en su viaje de regreso a España.

Como resultado de ese descubrimiento, comenzaron a figurar en la cartografía de la época: mapa de Pedro Reinel (1522-1523); Diego Rivero (1526-1527 y 1529); Islario de Santa Cruz (1541); Sebastián Gaboto (1544); Diego Gutiérrez (1561); Bartolomé Olivos (1562), etcétera.

Recién el 14 de agosto de 1592 fueron vistas por John Davis, que integraba la segunda expedición británica de Thomas Cavendish, a bordo de la nave “Desire”, y dos años después, las vio nuevamente Richard Hawkins, que las bautizó con el nombre de “Maidenland” o “La tierra de la Doncella”, en honor a  la reina Isabel.

La cartografía británica de la época no las registraba, ni existen pruebas de estos descubrimientos, es más, hasta el siglo XVIII Gran Bretaña ignoraba a ciencia cierta la existencia de las Malvinas.

El neerlandés Sebald de Weert las avistó también en el año 1600, por lo que se las llamó en los Países Bajos “Islas Sebald”, “Sebaldes”, “Sebaldines” o “Sebaldinas”, en honor a su nombre.

Ambrose Cowley, en 1683, las denominó “Pepys”, por creer que era otro archipiélago distinto del que vio Hawkins y esto llevó a que los británicos confundieran a las islas Malvinas con unas hipotéticas islas Pepys.

El Tratado de Paz firmado en 1604, entre España y Gran Bretaña, dejó sin efecto lo que se hubiera podido adquirir con anterioridad a su firma, inclusive lo del pretendido descubrimiento británico.

En 1670, se firmó el Tratado de Madrid en donde se convino que Gran Bretaña conservaría todas las tierras, islas, colonias y dominios que poseyera en América, pero este reconocimiento de la soberanía británica en América del Norte era acompañado en contrapartida por otra cláusula, que disponía que “los súbditos de Gran Bretaña no dirigirán su comercio ni navegarán a los puertos o lugares que el Rey Católico tiene en la dicha India, ni comerciará con ellos”.

En relación al nombre que los británicos le dan a las islas, es debido a que en el año 1690 el capitán John Strong, quien había navegado por el lugar al mando de la nave “Welfare”, dio al canal San Carlos, que separa a las dos islas, el nombre de “Falkland Sound”, es decir “Estrecho Falkland”, en honor de su protector, el noble escocés Anthony Cary (1656-1694), quinto vizconde de Falkland. Cary se casó con Rebecca Hilton, con quien tuvo una hija llamada Harriott Cary. Fue miembro del parlamento británico y entre 1693 y 1694, sirvió como primer lord del Almirantazgo. Falkland es un pueblo situado al pie de los montes Lomond, en Fife, Escocia.

El nombre del estrecho se aplicó después a todo el archipiélago; sin embargo Strong ni siquiera desembarcó en las islas.

En 1701, un piloto maluino llamado Beaucheme, descubrió la isla que lleva su nombre y penetró en la bahía de la Anunciación. Ese descubrimiento y toma de posesión, fue seguido por otro llevado a cabo en 1705 por el comerciante francés Joseph Danycan (1674-1728).

Las islas recibieron posteriormente otros nombres. Un navegante de San Maló las denominó en 1714, “Anicón”, apellido de su armador. Otros marinos de San Maló las llamaron “Islas nuevas de San Luis”.

Roggeveen, en 1721, las llamó “Belgie Australis” y también se las empezó a conocer con el nombre de “Malouines”, por el gran número de pescadores de San Maló que frecuentaban aquellos parajes desde comienzos de siglo XVIII.

En 1748, Gran Bretaña decidió enviar una expedición a “descubrir” y poblar las islas Malvinas y Pepys, sin embargo, ante la resistencia de España, desistió en su cometido. La expedición no tenía “intención de hacer ningún asiento en ninguna de dichas islas” (según las instrucciones británicas). Esta consulta es una demostración categórica del reconocimiento de Gran Bretaña a los derechos de España sobre las islas.

El primer intento francés de colonización sucedió en 1764 y estuvo a cargo del mismo, el capitán Louis Antoine de Bougainville, que fundó Puerto Luis en la Malvina Oriental. Las islas que eran llamadas “Maluines” o “Malouines” fueron transformadas por los españoles en “Malouinas” y posteriormente en “Malvinas”.

España protestó, obteniendo el reconocimiento de sus derechos de dominio. El rey Luis XV ordenó a Bougainville la entrega de Puerto Luis, previo pago de todos los gastos en que se había incurrido. De aquella cesión arrancan los derechos que la República Argentina tiene en poseer este archipiélago. Formaban parte integrante del virreinato del Río de la Plata, no sólo porque estaban comprendidas en los límites de la monarquía española en América, sino también porque se les pagó a los negociantes armadores de San Maló lo que habían gastado (aproximadamente 120.000 pesos fuertes) en establecer una colonia llamada San Luis, en la isla oriental o “de la Soledad” (nombre dado debido a que en esta isla no había ningún habitante), según el contrato celebrado con Bougainville, representante de los armadores, firmado el 4 de octubre de 1766 con acuerdo o intervención del rey de Francia.

Sin embargo, Gran Bretaña no renunció a sus pretensiones y a fines de 1765, envió una expedición clandestina a cargo de John Byron, con el objetivo de efectuar “mejores reconocimientos” (en lugar de “descubrir”) en las islas Falkland y Pepys, aunque el fin específico era el de ocupar las islas. Gran Bretaña, que sabía de la ocupación de Bougainville, le ordenó a Byron que debía dar un plazo de seis meses para que los colonos dejados por Bougainville abandonaran la isla.

Continuará…